La EEI refuerza su energía mientras ensaya cultivos y tecnología avanzada
La Expedición 75 cerró su agenda semanal tras instalar un nuevo panel solar desplegable y desarrollar estudios sobre agricultura espacial, ejercicio, orientación y eficiencia operativa. Otra caminata espacial estaba prevista para el 5 de noviembre con el objetivo de completar una modernización iniciada en 2021.
La actividad de la Expedición 75 mostró cómo el mantenimiento exterior de la Estación Espacial Internacional y la investigación científica dependen uno del otro. Después de instalar un panel solar desplegable, la tripulación retomó experimentos destinados a resolver algunos de los problemas que plantearían las estancias prolongadas lejos de la Tierra.
NASA Blogs lo comunicó el viernes, 30 de octubre. Un día antes, Anil Menon, de la NASA, y Joshua Kutryk, de la Agencia Espacial Canadiense, habían realizado una caminata espacial para incorporar el nuevo sistema al lado de babor de la estructura principal de la estación.
La salida duró siete horas y 11 minutos. Los astronautas sujetaron el conjunto al armazón exterior y liberaron los pernos que mantenían la tensión durante su almacenamiento. Una vez desbloqueado, el panel se extendió por sí mismo durante una secuencia de aproximadamente diez minutos.
El nuevo equipo forma parte de una ampliación gradual del sistema eléctrico de la EEI. Estos paneles enrollables aportan generación adicional junto a las alas solares existentes, una característica importante para una plataforma que debe alimentar simultáneamente sistemas de soporte, equipos operativos y numerosos experimentos.
Menon y Kutryk tenían programada una segunda caminata para el jueves 5 de noviembre. El plan consistía en instalar el octavo y último panel desplegable en el lado de estribor. Con esa operación debía concluir el proceso iniciado en junio de 2021 y elevarse la capacidad de generación desde 160 kilovatios hasta unos 215 kilovatios.
Tras el esfuerzo físico y operativo de la primera salida, ambos siguieron el viernes un horario reducido. Menon dedicó parte de la jornada a un estudio botánico dentro del laboratorio japonés Kibo, donde examinó los efectos de la microgravedad sobre la división celular de algas verdes y células cultivadas de tabaco.
El interés de ese trabajo reside en comprender procesos básicos antes de intentar producir alimentos de forma regular en otros mundos. Según la información difundida, los resultados podrían contribuir al desarrollo de cultivos para la Luna y Marte. La investigación descrita se encontraba todavía en el nivel experimental y no equivalía a una demostración de agricultura autosuficiente.
Kutryk utilizó la bicicleta del European Enhanced Exploration Exercise Device, instalada en el módulo Columbus. El sistema E4D reúne varias funciones en un formato compacto y se evalúa como instrumento para conservar la condición física durante vuelos largos, cuando el espacio disponible y la masa del equipamiento imponen límites estrictos.
La agricultura orbital también fue abordada desde la prevención de enfermedades. El astronauta de la NASA Luke Delaney inoculó muestras de Arabidopsis thaliana que habían sido expuestas a un patógeno fúngico. Después almacenó el material en una incubadora capaz de producir gravedad artificial para continuar el análisis en condiciones controladas.
El objetivo es ampliar el conocimiento sobre la resistencia de los cultivos frente a enfermedades en microgravedad. Los posibles beneficios no se limitan a futuras bases espaciales: NASA señaló que los resultados también podrían ayudar a mejorar la protección de plantas en la Tierra, aunque no presentó conclusiones definitivas del ensayo.
Jessica Watkins se ocupó de equipos menos visibles pero esenciales para la cadena científica. Retiró y fotografió componentes de un dispositivo que suministra energía a experimentos transportados en naves espaciales. También sustituyó absorbentes de humedad dentro de congeladores portátiles usados para llevar muestras congeladas y devolverlas a laboratorios terrestres.
En el segmento ruso, el comandante Pyotr Dubrov cambió piezas dentro de una cámara de temperatura controlada. El experimento de física buscaba estudiar la fabricación de cristales semiconductores de alta pureza en microgravedad, aprovechando un entorno en el que los materiales no se comportan exactamente como bajo la gravedad terrestre.
Sergey Teteryatnikov participó en una prueba de adaptación sensorial con un visor de realidad virtual. Debía responder a estímulos visuales generados por computadora mientras los investigadores observaban cómo evolucionaban su equilibrio y su orientación espacial, dos capacidades que pueden verse alteradas cuando desaparece la referencia constante de arriba y abajo.
Anna Kikina examinó el posible uso de herramientas de superinteligencia para mejorar las operaciones y las comunicaciones a bordo. No se publicaron resultados de esa evaluación, pero su inclusión junto con la botánica, la fisiología y la ciencia de materiales reflejó el carácter multidisciplinario del programa de la estación.
La semana dejó así una conexión directa entre infraestructura y exploración. La ampliación eléctrica buscaba proporcionar más capacidad a la EEI, mientras los experimentos analizaban qué necesitarían las tripulaciones para alimentarse, mantenerse en forma, orientarse y trabajar con eficacia en misiones prolongadas. La caminata prevista para el 5 de noviembre debía cerrar el componente energético de ese esfuerzo de varios años.