La preparación de Artemis III ha superado uno de sus hitos más visibles: NASA ya unió el módulo de tripulación de Orion con su módulo de servicio. El vehículo integrado deberá atravesar ahora una campaña de encendido, comprobaciones eléctricas e instalación de equipos antes de quedar listo para una misión tripulada prevista para el próximo año.

NASA Blogs lo informó el miércoles, 5 de agosto. La agencia sostiene que el procesamiento avanza con mayor rapidez que durante la integración de Artemis II, una comparación relevante porque ambas campañas utilizan buena parte de la misma infraestructura, personal especializado y procedimientos de certificación.

La unión se realizó el 30 de julio en el edificio Neil Armstrong de Operaciones y Verificación del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Hasta entonces, los dos módulos habían sido sometidos por separado a instalaciones y ensayos de hardware. Comprobarlos antes del acoplamiento facilita el acceso a conexiones internas y reduce el riesgo de tener que desmontar la nave si aparece una anomalía.

La cápsula transportará a Randy Bresnik, Andre Douglas y Frank Rubio, de NASA, y a Luca Parmitano, de la Agencia Espacial Europea. El módulo de tripulación albergará a los cuatro astronautas y permitirá su reentrada en la atmósfera. El módulo de servicio aportará electricidad, propulsión, control térmico y recursos esenciales durante el vuelo.

El primer encendido de la nave completa será la siguiente prueba decisiva. Los ingenieros verificarán que la energía y los datos circulen correctamente entre ambos módulos y que los comandos produzcan las respuestas previstas. Después continuarán los ensayos conjuntos, la validación del software y el montaje del hardware que falta para cerrar la configuración de vuelo.

Artemis III ya no aparece en esta planificación como el primer alunizaje tripulado del programa, sino como una misión de demostración en órbita terrestre baja. Orion practicará maniobras de encuentro y acoplamiento con artículos de prueba que representarán los sistemas comerciales de aterrizaje humano desarrollados por Blue Origin y SpaceX. La cercanía de la Tierra permitirá evaluar procedimientos complejos con más opciones de contingencia.

La prueba tiene implicaciones que van más allá de un simple contacto entre vehículos. Un futuro traslado de astronautas hacia un módulo lunar exige que sensores, sistemas de navegación, comunicaciones y mecanismos físicos de acoplamiento funcionen como una sola arquitectura. También obliga a coordinar centros de control y equipos pertenecientes a organizaciones distintas, cada una con sus propios criterios técnicos.

En Kennedy avanza al mismo tiempo el procesamiento del cohete SLS. Los equipos de Exploration Ground Systems terminaron la inspección de los segmentos de motor de los propulsores sólidos. El apilamiento de las dos unidades comenzó a principios de julio dentro del Edificio de Ensamblaje de Vehículos, empezando por el conjunto posterior del propulsor izquierdo.

El cuarto y último motor RS-25 llegó el 21 de julio desde el Centro Espacial Stennis, situado cerca de Bay St. Louis, Misisipi. Su integración con la etapa central está prevista durante el verano. Los cuatro motores líquidos y los dos grandes propulsores sólidos proporcionarán conjuntamente la energía necesaria para sacar de la plataforma al SLS y acelerar su carga hacia la órbita.

La configuración de Artemis III incluirá un espaciador sin propulsión en lugar de la etapa criogénica interina. La pieza conservará las dimensiones y los puntos de interfaz de esa etapa, de modo que podrá instalarse entre los adaptadores de Orion y del lanzador sin rediseñar el conjunto. NASA reservó la etapa criogénica restante para Artemis IV, donde tendrá una función operativa.

En el Centro Marshall, en Alabama, concluyó la octava y última soldadura por fricción-agitación del cilindro del espaciador. Esta técnica produce uniones estructurales mediante presión, calor y movimiento mecánico. La sección fue retirada de la herramienta vertical y está siendo inspeccionada; el próximo paso será incorporar los anillos estructurales superior e inferior.

Para acortar plazos, NASA también convertirá en hardware de vuelo dos artículos utilizados en ensayos estructurales antes de Artemis I: el adaptador de la etapa Orion y el adaptador de la etapa del lanzador. Los ingenieros deben revisarlos y actualizarlos para demostrar que pueden soportar un lanzamiento real, pues haber superado pruebas terrestres no elimina la obligación de certificar su historial, materiales y condición actual.

La reutilización abarcará además componentes de la Orion que voló en Artemis II. Según la agencia, recuperarlos adelanta unos tres meses su instalación en Artemis III y permite destinar a Artemis IV, con más de seis meses de anticipación, piezas que originalmente estaban reservadas para la tercera misión. Más de 250 componentes de Artemis II también servirán para Artemis IV y V.

El ahorro no se limita a fabricar menos piezas. La preparación de los segmentos de los propulsores se adelantó casi cuatro meses gracias a procedimientos más eficientes. El refuerzo de equipos en la plataforma móvil y el lavado inmediato después del lanzamiento de Artemis II redujeron la corrosión y ayudaron a recortar casi a la mitad el tiempo necesario para devolver la torre al edificio de ensamblaje.

El resultado es una estrategia centrada en aprender, reutilizar y evitar que cada vuelo requiera reconstruir toda la cadena terrestre. Artemis III deberá demostrar que Orion puede operar con los futuros sistemas comerciales antes de trasladar esas tareas a las inmediaciones de la Luna. NASA sitúa a Artemis IV, prevista para 2028, como el inicio de la siguiente fase de demostraciones críticas para retomar los alunizajes tripulados.