La campaña de Artemis III ha entrado en una etapa en la que el avance ya no se mide por una sola pieza terminada, sino por la coordinación de numerosos trabajos paralelos. En el Centro Espacial Kennedy, en Florida, los técnicos comenzaron a instalar los cuatro motores RS-25 en la etapa central del cohete Space Launch System que deberá transportar a la tripulación el próximo año.

NASA Blogs lo comunicó el jueves 27 de agosto. Las tareas arrancaron el 24 de agosto en la bahía alta 2 del edificio de ensamblaje de vehículos, donde los principales elementos del lanzador se integran en posición vertical antes de su traslado hacia la plataforma.

El paso sucede a la unión, realizada a comienzos del verano, de la sección de motores con las cuatro quintas partes superiores de la etapa central. A partir de ahora no basta con fijar físicamente cada unidad: será necesario conectar tuberías de propulsión, cableado eléctrico, sensores y equipos de control, además de comprobar las interfaces entre sistemas que fueron fabricados y ensayados por separado.

Cada RS-25 pesa alrededor de 7.700 libras, unos 3.500 kilogramos, y produce casi 500.000 libras de empuje. Los cuatro quedan alojados en la base del SLS dentro de una sección reforzada que debe protegerlos frente al calor, las vibraciones y el intenso entorno acústico del despegue. La estructura también ha de transferir enormes cargas sin comprometer las líneas y conexiones cercanas.

Durante el ascenso, los motores funcionarán de forma continua durante más de ocho minutos. Consumirán el propelente almacenado en los dos grandes tanques de la etapa central a un ritmo conjunto aproximado de 1.500 galones por segundo. Su empuje se combinará con el de los dos aceleradores sólidos laterales, responsables de una parte decisiva de la potencia inicial.

Las unidades elegidas para Artemis III son E2054, E2057, E2048 y E2052. Todas volaron previamente en misiones de los transbordadores espaciales, y sus números de serie permiten reconstruir operaciones, inspecciones y modificaciones. Esa trazabilidad ofrece a los ingenieros una extensa base de datos, aunque la experiencia anterior no sustituye las verificaciones exigidas por la configuración del SLS.

El caso de E2048 resume varias décadas de vuelos tripulados estadounidenses. El motor participó en STS-129 con el Atlantis, misión en la que voló Randy Bresnik, ahora integrante de Artemis III. También impulsó al Discovery en STS-95, en 1998, cuando John Glenn regresó a la órbita a los 77 años y estableció entonces un récord de edad para un viajero espacial.

La reutilización de estos motores tiene un sentido distinto al que poseía en el programa del transbordador. El SLS es un lanzador desechable y somete a los RS-25 a un perfil adaptado a una arquitectura nueva. Por ello, cada unidad ha debido someterse a revisiones, actualizaciones y controles destinados a confirmar que su historial de vuelo es compatible con las futuras exigencias.

La actividad continúa también en los dos aceleradores sólidos. Sus segmentos se apilan sobre el lanzador móvil dentro del mismo edificio, y el trabajo iniciado a principios de julio ya superó la mitad del proceso. Los equipos han incorporado procedimientos depurados a partir de anteriores campañas Artemis, una experiencia que puede reducir tiempos sin rebajar los controles sobre juntas, alineación y sellado.

El vehículo Orion avanza después de la integración de sus módulos de tripulación y servicio. Los técnicos colocaron el conector umbilical que transporta electricidad, datos y fluidos entre ambas partes, instalaron sus conexiones y encendieron por primera vez la nave ya unida. La prueba buscó demostrar tanto la continuidad eléctrica como la comunicación correcta entre subsistemas.

Este tipo de encendido integrado suele ser más revelador que las pruebas individuales. Un componente puede funcionar de manera impecable por separado y presentar fallos cuando intercambia órdenes, energía o información con otro. Resolver temprano un problema de interfaz evita intervenciones más complejas una vez que Orion quede rodeada por otros elementos de la configuración de lanzamiento.

La preparación humana comenzó a intensificarse tras la designación, el 9 de junio, de Randy Bresnik, Andre Douglas, Frank Rubio y el astronauta de la Agencia Espacial Europea Luca Parmitano. El programa incluye sistemas de Orion, objetivos científicos, liderazgo, cohesión del grupo y ejercicios conjuntos con proveedores comerciales de sistemas de aterrizaje tripulado.

En el Centro Espacial Johnson de Houston, los astronautas entrenan dentro de una maqueta de Orion. Además de las operaciones críticas, practican actividades tan cotidianas como calentar alimentos, obtener agua potable y manejar cámaras. La repetición permite calcular tiempos reales, detectar incomodidades y evitar que las tareas rutinarias interfieran con fases de elevada carga operativa.

La tripulación también recibió formación para amerizajes fuera de lo previsto y salidas de emergencia. En el Laboratorio de Flotabilidad Neutral vistió los trajes Orion Crew Survival System y ensayó la evacuación de una cápsula en posición vertical, el despliegue de material de supervivencia y el uso de una balsa, todos ellos elementos relevantes durante las primeras etapas de la recuperación.

A estos ejercicios se suman las simulaciones integradas con los controladores de vuelo, incluida la primera sesión con los cuatro astronautas juntos. Los escenarios obligan a gestionar anomalías, distribuir responsabilidades y tomar decisiones bajo presión. El desafío de Artemis III será mantener sincronizados estos progresos: cualquier retraso importante en el cohete, Orion, la infraestructura terrestre o la preparación del equipo humano puede repercutir en el calendario completo.