Las Perseidas alcanzarán su máximo bajo un cielo sin Luna
La lluvia de meteoros más esperada del verano boreal llegará a su punto culminante entre el 12 y el 13 de agosto. NASA acompañará el fenómeno con una emisión nocturna, expertos y cámaras automáticas desde tierra.
Las Perseidas vuelven a ocupar el centro de la agenda astronómica de agosto. La actividad, perceptible desde comienzos de julio, culminará durante la noche del 12 al 13 de agosto, con una circunstancia especialmente favorable: la Luna nueva evitará que el resplandor lunar oculte los meteoros menos luminosos.
NASA Blogs lo comunicó el miércoles 5 de agosto. La agencia organizará una transmisión en YouTube desde la medianoche del 13 de agosto, según la hora del este de Estados Unidos, con imágenes en directo, especialistas y una sesión de preguntas del público.
El seguimiento utilizará cámaras instaladas en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales. Allí funciona ALaMO, el Observatorio Automatizado Lunar y de Meteoros, que celebra dos décadas de actividad. Su operación continua permite registrar fenómenos breves que resultarían difíciles de estudiar únicamente mediante observadores humanos.
La programación incorporará además vistas del cielo vinculadas a la Estación Espacial Internacional. Esa perspectiva puede aportar imágenes singulares, aunque la detección de cada meteoro dependerá de la orientación de las cámaras, la sensibilidad de los equipos y la posición orbital de la estación en ese momento.
En un emplazamiento verdaderamente oscuro podrían observarse entre 50 y 100 meteoros por hora durante el máximo. Se trata de una estimación para condiciones óptimas, no de una frecuencia uniforme. La contaminación lumínica, las nubes, la humedad y los obstáculos del horizonte pueden reducir drásticamente el recuento visible.
El origen de las Perseidas está asociado al cometa 109P/Swift–Tuttle. Al recorrer su órbita, el cometa dispersa polvo y fragmentos diminutos, creando una corriente que la Tierra atraviesa cada año. Cuando esas partículas penetran a gran velocidad en la atmósfera, producen trazos luminosos de corta duración.
Por eso, las llamadas estrellas fugaces no son estrellas que caen. El destello se desarrolla en la atmósfera terrestre y suele estar provocado por material de dimensiones muy pequeñas. La enorme velocidad de entrada explica que partículas discretas puedan originar señales visibles a decenas o incluso cientos de kilómetros de distancia.
El nombre de la lluvia procede de Perseo, la constelación donde parece situarse su radiante. Los recorridos de los meteoros, proyectados hacia atrás, parecen converger en esa zona por un efecto geométrico. No obstante, mirar fijamente hacia Perseo no es imprescindible: los destellos pueden aparecer en cualquier punto de la bóveda celeste.
La tradición de observar las Perseidas se remonta a más de 2.000 años. Su regularidad, la época cálida en el hemisferio norte y la posibilidad de ver bólidos explican su popularidad. Los bólidos son meteoros excepcionalmente brillantes que en ocasiones dejan una estela persistente después del destello principal.
Para observarlas conviene abandonar los núcleos urbanos y buscar un espacio amplio, seguro y con pocas luces en el horizonte. No hacen falta telescopios ni prismáticos, ya que estos instrumentos limitan el campo visual. La estrategia más eficaz consiste en recostarse, abarcar una gran porción del cielo y esperar sin concentrarse en un único punto.
La adaptación de la vista a la oscuridad tarda aproximadamente entre 20 y 30 minutos. Consultar repetidamente una pantalla brillante reduce esa sensibilidad y dificulta la percepción de meteoros débiles. Una luz roja tenue, ropa adecuada para el descenso nocturno de la temperatura y una silla cómoda pueden marcar una diferencia considerable.
Tampoco debe interpretarse el máximo como un espectáculo de intensidad constante. Puede haber varios minutos sin actividad, seguidos de varios trazos en rápida sucesión. La altura del radiante cambia a lo largo de la noche y la cantidad observada varía según la latitud, por lo que la paciencia es tan importante como la elección del lugar.
Si el tiempo impide mirar el cielo durante la noche principal, la transmisión de NASA ofrecerá una vía alternativa. Además, la corriente seguirá activa hasta finales de agosto, aunque con menor frecuencia. La combinación de una Luna poco intrusiva, cámaras especializadas y una campaña pública convierte el máximo de 2026 en una oportunidad destacada para acercar la ciencia de los meteoros a una audiencia amplia.