Una alerta rápida permite a los cohetes de la NASA alcanzar fulguraciones solares
El sistema localiza una fulguración y calcula en pocos minutos cuánto tiempo podría mantenerse activa. Sus avisos permitieron coordinar lanzamientos desde Alaska en 2024 y respaldaron una nueva observación de tres eventos en 2026.
Observar una fulguración solar con un cohete suborbital exige acertar en una ventana de apenas minutos. No basta con confirmar que el fenómeno comenzó: los responsables del lanzamiento deben saber si seguirá activo cuando el instrumento atraviese la atmósfera. Un nuevo sistema de alerta redujo esa incertidumbre y permitió estudiar una fulguración mientras todavía estaba en curso.
NASA Blogs lo comunicó el miércoles, 4 de noviembre. La herramienta fue descrita además en un artículo publicado ese mismo 4 de noviembre en The Astrophysical Journal.
Las fulguraciones se originan en regiones activas del Sol, zonas con configuraciones magnéticas complejas capaces de liberar energía de forma repentina. Estos episodios aceleran partículas y emiten radiación hacia el sistema solar. Sus efectos pueden alcanzar la Tierra e influir en tecnologías expuestas a las variaciones del entorno espacial.
Para comprender el fenómeno, los científicos necesitan analizar distintas clases de luz. Sin embargo, la atmósfera terrestre absorbe parte de la radiación procedente de las fulguraciones. Esa protección natural limita lo que puede medirse desde observatorios situados en la superficie y obliga a elevar determinados instrumentos por encima de las capas atmosféricas.
Los cohetes sonda ofrecen una solución relativamente rápida y económica. A diferencia de un observatorio orbital de larga duración, transportan una carga científica al espacio durante un vuelo breve y después regresan a la Tierra. El periodo útil de observación ronda solo los cinco minutos, una restricción que condiciona toda la misión.
Una fulguración puede perder intensidad en un intervalo igual de corto. Por ello, un lanzamiento iniciado después de una alerta convencional corre el riesgo de llegar tarde: cuando el cohete alcanza la altura necesaria, el objetivo puede haber desaparecido. Los sistemas habituales detectan actividad, pero no siempre indican si esta durará lo suficiente para completar el ascenso y realizar las mediciones.
La decisión implica administrar una oportunidad de lanzamiento limitada. Esperar demasiado puede hacer inútil el vuelo, mientras que reaccionar ante una señal que vaya a desvanecerse también puede consumir recursos sin obtener la observación buscada. La cuestión operativa es convertir datos solares inmediatos en una estimación útil para una cuenta atrás muy breve.
El sistema desarrollado analiza emisiones de rayos X y ultravioleta procedentes de las regiones activas. Integra información del Observatorio de Dinámica Solar de la NASA, de los satélites geoestacionarios operacionales ambientales GOES de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y de observatorios instalados en tierra.
A los pocos minutos de que una nave detecte el episodio, la herramienta determina dónde se encuentra y estima su duración. Así, el aviso deja de ser una simple confirmación de actividad y pasa a apoyar una decisión concreta: lanzar o no lanzar mientras aún existe una probabilidad razonable de encontrar la fulguración activa.
La primera demostración decisiva se produjo durante una campaña en Alaska en abril de 2024. La información ayudó al equipo creador del sistema y a otro grupo a coordinar el despegue de dos cohetes. Ambos pudieron estudiar la fulguración antes de que desapareciera, lo que constituyó el primer uso de cohetes sonda de la NASA para investigar uno de estos eventos durante su desarrollo.
En mayo de 2026, los investigadores emplearon una versión mejorada para respaldar otro lanzamiento. El cohete observó tres fulguraciones. La información difundida no detalla los resultados físicos derivados de esas mediciones, pero sí establece que la campaña consiguió captar varios episodios con ayuda del sistema actualizado.
El avance no consiste necesariamente en anunciar con mucha antelación cuándo surgirá una fulguración. Su función es caracterizar con rapidez una actividad que ya ha sido detectada, utilizando los primeros datos disponibles para calcular posición y persistencia. Ese enfoque responde a las necesidades particulares de los vuelos cuya fase científica dura solo unos minutos.
El equipo continúa perfeccionando la herramienta mediante una subvención del programa Early Career Investigator de la NASA. No se han precisado nuevas fechas de lanzamiento ni objetivos cuantitativos para futuras versiones, por lo que esas mejoras deben entenderse como trabajo en marcha y no como capacidades ya demostradas.
El aviso temprano podría emplearse en próximas campañas de cohetes, pero su utilidad potencial es más amplia. Los observatorios solares podrían orientar con rapidez sus instrumentos hacia regiones activas, mientras que los servicios de meteorología espacial podrían incorporar una caracterización más oportuna de eventos que liberan radiación y partículas.
Las campañas de 2024 y 2026 muestran que el tiempo de reacción puede ser tan importante como el instrumento transportado. El cohete no gana más minutos en el espacio y la fulguración no se vuelve predecible por completo; lo que cambia es la calidad de la decisión. Al estimar cuánto puede durar el objetivo, el sistema transforma un lanzamiento basado en una apuesta en una operación respaldada por datos inmediatos.