Biomedicina y energía orbital convergen en la Expedición 75
La tripulación de la EEI trabajó con células vasculares y muestras tumorales, analizó el ejercicio en ingravidez y preparó herramientas para dos caminatas espaciales. La agenda reunió ciencia médica, mantenimiento y logística en una misma jornada orbital.
La jornada del 20 de octubre en la Estación Espacial Internacional combinó experimentos que miran hacia la medicina del futuro con tareas destinadas a sostener la operación cotidiana del complejo. La Expedición 75 procesó células para bioimpresión, conservó muestras de tumores, registró un entrenamiento físico y avanzó en los preparativos de dos salidas extravehiculares relacionadas con la generación eléctrica.
NASA Blogs lo comunicó el martes, 20 de octubre. La secuencia de actividades puso de relieve una característica central del laboratorio orbital: la investigación científica no está separada del mantenimiento, sino que depende de energía, almacenamiento, transporte de muestras y preparación técnica de la tripulación.
Los ingenieros de vuelo de la NASA Luke Delaney y Jessica Watkins participaron en un estudio de impresión celular en el módulo europeo Columbus. Trabajaron con la BioFabrication Facility, sacaron muestras vasculares de una incubadora y las procesaron junto con biotinta para imprimir estructuras de vasos sanguíneos. Después guardaron el material en un congelador científico para evitar que se degradara antes de su análisis.
La ausencia casi total de peso modifica las condiciones en las que se organizan los tejidos blandos. En un laboratorio terrestre, la gravedad puede hacer que las células sedimenten y que una estructura recién formada pierda su geometría si carece de soporte. La órbita permite estudiar la interacción del material biológico sin que ese efecto domine el proceso desde el inicio.
Según la explicación de NASA, las construcciones vasculares bioimpresas en microgravedad pueden alcanzar una calidad muy superior a la de productos equivalentes fabricados en la Tierra. El objetivo a largo plazo es comprender cómo diseñar tejidos humanos y órganos para tratamientos médicos. Sin embargo, las operaciones descritas correspondían a una fase experimental y no a la fabricación de un órgano listo para uso clínico.
Delaney continuó después con muestras tumorales en el módulo japonés Kibo. Utilizó la Life Science Glovebox, una caja cerrada que permite manipular material biológico de forma controlada, y preservó los especímenes para estudiarlos en la Tierra. Esta estrategia divide el trabajo entre la exposición orbital y los laboratorios terrestres, donde existe una gama mucho más amplia de técnicas analíticas.
El experimento oncológico buscaba observar el crecimiento de las células cancerosas y su respuesta a tratamientos en ingravidez. Al cambiar el entorno físico, los investigadores pueden encontrar señales celulares o genéticas que en condiciones normales resultan más difíciles de distinguir. NASA planteó que esos conocimientos quizá contribuyan a terapias más precisas y eficientes, aunque la publicación no informó de resultados clínicos ni de un tratamiento ya desarrollado.
La protección de la salud de los astronautas fue el eje de otra prueba. Joshua Kutryk, de la Agencia Espacial Canadiense, hizo ejercicio en el dispositivo resistivo avanzado del módulo Tranquility. La máquina genera resistencia sin depender del peso de discos o mancuernas, que en microgravedad no ejercerían sobre el cuerpo la misma carga que en un gimnasio terrestre.
Kutryk llevaba marcadores desde las caderas hasta los pies, mientras un sistema de captura registraba cada movimiento. Los datos pueden ayudar a determinar si la postura y la carga mecánica son adecuadas para mantener la condición física durante misiones prolongadas. También se contemplaba que el conocimiento obtenido pudiera beneficiar a tecnologías deportivas en la Tierra, sin que se detallaran aplicaciones concretas.
La actividad operacional se trasladó al módulo esclusa Quest, donde Anil Menon configuró herramientas e inspeccionó los cabos de seguridad que él y Kutryk tenían previsto emplear en el exterior. Las caminatas estaban programadas para el 29 de octubre y el 5 de noviembre. Al 23 de octubre ambas fechas seguían siendo futuras, y la información de origen no afirmaba que los trabajos se hubieran realizado.
El plan consistía en instalar paneles solares desplegables sobre la estructura de celosía de la estación y completar así esa fase de mejora del sistema eléctrico. Gaurang Patel, responsable de integración de operaciones del Programa de Órbita Terrestre Baja de NASA, indicó durante una conferencia previa que los paneles podían elevar hasta un 30 % la capacidad de generación. Se trataba de la mejora prevista para el conjunto, no de un resultado que la publicación diera ya por verificado.
En el segmento ruso, el comandante Pyotr Dubrov orientó una cámara desde una ventana del módulo Zvezda para fotografiar automáticamente lugares de África en varias longitudes de onda. Sergey Teteryatnikov practicó en un ordenador portátil el manejo del brazo robótico europeo, y Anna Kikina trasladó agua de la nave de carga Progress 96 a los depósitos de la estación. Estas tareas menos visibles completaron una jornada en la que ciencia, suministros, entrenamiento y mantenimiento estuvieron estrechamente conectados.