Dragon amplía la agenda científica y energética de la estación espacial
La nave de carga de SpaceX llevó más de 2,8 toneladas de suministros, investigaciones biológicas y dos paneles solares desplegables. La tripulación comenzó por trasladar muestras sensibles y preparar experimentos sobre tejidos, proteínas y plantas.
La llegada de una nave Dragon de SpaceX el 15 de octubre abrió una nueva fase de trabajo científico y logístico en la Estación Espacial Internacional. El vehículo no tripulado transportó más de 6.300 libras, unos 2.860 kilogramos, entre suministros, material de investigación y equipos destinados a reforzar la generación eléctrica del complejo orbital.
NASA Blogs informó sobre las operaciones el viernes 16 de octubre. La publicación describió el inicio de la descarga y los planes vigentes en ese momento, pero no ofreció resultados posteriores de los experimentos que debían activarse durante el viernes y el fin de semana del 17 y 18 de octubre.
Dragon se acopló de forma automática a las 10:27, hora de verano del este de Estados Unidos, en el puerto del módulo Harmony orientado hacia el espacio. La misión había comenzado el 14 de octubre a las 6:33 con el lanzamiento de un Falcon 9 desde Florida. Tras el acoplamiento, cinco vehículos espaciales permanecían conectados a la estación según el recuento publicado por la agencia.
El acceso a la cápsula no fue inmediato. El astronauta de la NASA Anil Menon comprobó la presión y la ausencia de fugas, y después igualó la atmósfera entre Dragon y la estación. Solo entonces abrió la escotilla y entró en el vehículo, seguido por Jessica Watkins, Luke Delaney y el astronauta canadiense Joshua Kutryk.
La prioridad del grupo fue retirar las muestras científicas que viajaban en congeladores portátiles e incubadoras. Los materiales se trasladaron a congeladores científicos y módulos de investigación de la estación para conservar las condiciones requeridas antes de su estudio. La rapidez de esta fase respondía al carácter sensible de la carga, no simplemente a la necesidad de liberar espacio dentro de la nave.
Parte del nuevo programa buscaba estudiar la creación de retinas artificiales y el crecimiento de tejido cardíaco en ingravidez. El entorno orbital permite observar procesos celulares sin la influencia habitual de la gravedad terrestre. Sin embargo, el comunicado se limitó a exponer los objetivos y no comunicó conclusiones científicas ni avances clínicos derivados de esos ensayos.
Otros investigadores pretendían cultivar cristales de proteínas para contribuir, a largo plazo, al desarrollo de tratamientos más precisos contra el cáncer. La formulación de la NASA señalaba una posible aplicación de la investigación básica. No significaba que la estación hubiera producido ya una terapia ni que existieran resultados médicos confirmados a partir de esta carga.
También figuraba un experimento con plantas destinado a registrar su respuesta genética al crecimiento en microgravedad. Ese conocimiento podría resultar útil para perfeccionar sistemas de soporte vital en futuras naves, especialmente en misiones prolongadas. El trabajo, tal como fue presentado, se encontraba en una fase experimental y no constituía una solución operativa ya disponible.
La misión incluía además dos paneles solares desplegables alojados en el maletero no presurizado de Dragon. El plan contemplaba que especialistas en tierra dirigieran a distancia el brazo robótico Canadarm2 para extraerlos. Después debían quedar almacenados temporalmente en plataformas logísticas situadas sobre la estructura principal de la estación.
Menon y Kutryk tenían asignada la instalación definitiva durante dos caminatas espaciales programadas para el 29 de octubre y el 5 de noviembre. Ambas fechas seguían pendientes el 19 de octubre. Una vez instalados y activados, los paneles debían complementar el sistema de generación de energía de la estación, aunque la fuente no confirmó que su extracción ya se hubiera realizado.
La actividad científica no se limitaba a los suministros recién llegados. El comandante Piotr Dubrov y la ingeniera de vuelo Anna Kíkina, ambos de Roscosmos, terminaron una investigación de una semana sobre el traje exoesquelético Teledroid. Equipados con gafas de realidad virtual y controles manuales, manipularon herramientas dentro de una simulación de entorno espacial.
El objetivo era evaluar la interacción humana con robots controlados a distancia. Según la NASA, la experiencia podría servir para preparar operaciones robóticas en futuras misiones de exploración de larga duración. La agencia habló de una utilidad potencial y no anunció que el sistema estuviera listo para incorporarse a una expedición concreta.
Serguéi Teteryátnikov, también ingeniero de vuelo de Roscosmos, participó en otro estudio de realidad virtual. Con un visor, respondió a estímulos informáticos diseñados para examinar la adaptación del equilibrio y la orientación a la ingravidez. Al final de su turno semanal inspeccionó componentes hidráulicos y efectuó tareas de mantenimiento en el generador de oxígeno Elektron.
La operación de Dragon reunió así tres escalas de trabajo: la protección inmediata de muestras, la puesta en marcha de investigaciones con posibles aplicaciones terrestres y espaciales, y la preparación de infraestructura exterior para aumentar la capacidad eléctrica. El parte del 16 de octubre documentó ese punto de partida, sin anticipar resultados ni confirmar el desenlace de las tareas previstas para los días siguientes.