El cohete SLS destinado a Artemis III alcanzó un nuevo punto de madurez industrial en el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Los equipos completaron la colocación de los últimos segmentos de motor de los propulsores sólidos sobre la plataforma móvil y terminaron de instalar los cuatro motores RS-25 en la etapa central.

NASA Blogs lo comunicó el martes, 13 de octubre. El hito no equivalía al ensamblaje completo del lanzador: la etapa central todavía debía integrarse entre los dos propulsores para formar la configuración reducida, o short stack, prevista para una prueba de abastecimiento.

Antes de efectuar esa unión, los técnicos tenían que instalar un túnel de sistemas a lo largo de la etapa central. Por esa estructura discurren cables pirotécnicos y el cableado de una conexión rápida de un solo uso, diseñada para permitir movimientos controlados durante el despegue. Es una parte discreta del vehículo, pero enlaza funciones necesarias para que el cohete se separe de manera ordenada de sus servicios terrestres.

La integración de la etapa y los propulsores estaba planteada para las semanas posteriores al informe. El trabajo se realizaría dentro del edificio de ensamblaje de vehículos de Kennedy y completaría la denominada pila corta. NASA no precisó entonces el día de la maniobra ni afirmó que se hubiera ejecutado después.

El plan contemplaba trasladar esa configuración a la plataforma 39B en los meses siguientes. Allí, el equipo de lanzamiento debía practicar las secuencias y los tiempos de carga de propelentes. Este ensayo permitiría trabajar con el cohete y la infraestructura como un sistema conjunto, aunque la publicación solo describía la actividad prevista y no sus resultados.

La estancia en la plataforma también serviría para un ejercicio de jornada de lanzamiento. Randy Bresnick, Frank Rubio, Andre Douglas y el astronauta de la Agencia Espacial Europea Luca Parmitano debían vestirse en las dependencias de tripulación, desplazarse hasta la rampa, subir por la torre móvil y recorrer la vía de evacuación concebida para una emergencia durante la cuenta atrás.

En la plataforma 39B seguía, además, la restauración del deflector de llamas utilizado en Artemis II. Según NASA, el lanzamiento había ocasionado daños mínimos y no afectó a los ladrillos de la zanja de llamas. La agencia vinculó ese comportamiento con mejoras de apoyo terrestre introducidas tras las lecciones de Artemis I, misión lanzada en 2022.

La nave Orion avanzaba por un circuito de verificación distinto. Especialistas de ESA y Airbus inspeccionaron las alas de paneles solares que proporcionan energía al módulo europeo de servicio. Esa electricidad sostiene un conjunto amplio de capacidades, pues el módulo aporta propulsión, regulación térmica, energía, aire y agua para los astronautas.

En el Centro Marshall de Vuelos Espaciales, en Alabama, se soldaron los anillos delantero y trasero del espaciador de Artemis III, con lo que quedó terminada su estructura primaria. La pieza debe reproducir las dimensiones de la etapa superior durante la misión. Después de la soldadura se realizaban controles dimensionales para comprobar su adecuación al resto del conjunto.

Otros dos elementos procedían de artículos usados inicialmente en ensayos estructurales. NASA estaba transformando el adaptador de la etapa Orion y el adaptador de la etapa del vehículo de lanzamiento en hardware apto para vuelo. El primero ya había recibido pintura exterior; en el segundo, la eliminación de corrosión estaba casi terminada antes de iniciar evaluaciones no destructivas y nuevos tratamientos protectores.

El proceso posterior del adaptador cónico incluía recubrir el interior, imprimar y pintar la superficie exterior y aplicar espuma de protección térmica. Tanto los dos adaptadores como el espaciador mantenían la previsión de viajar a Kennedy a comienzos de 2027. Ese calendario reflejaba una campaña repartida entre varios centros y proveedores, cuyos componentes debían converger finalmente en Florida.

Mientras avanzaba el hardware, la tripulación se preparaba para condiciones rutinarias y escenarios de contingencia. Sus integrantes aprendieron a utilizar un pequeño aparato de ejercicio con volante de inercia, probaron cerca de 200 alimentos y practicaron la salida de una cabina invertida bajo el agua. También ensayaron rescates con helicópteros de la Armada y operaciones con los trajes de supervivencia de Orion. La actualización mostraba progresos paralelos en cohete, nave, plataforma y entrenamiento, pero no ofrecía resultados de la futura prueba de combustible ni daba por concluida la integración del SLS.