Dragon lleva a la EEI tejidos experimentales y refuerzos para su sistema solar
La nave de carga de SpaceX despegó el 13 de octubre con más de 6.300 libras de suministros, ciencia y equipos. La misión reúne investigaciones biomédicas, tecnología robótica y la última pareja de paneles solares desplegables.
La misión de abastecimiento de SpaceX comenzó a las 6:33 de la mañana, hora del este de Estados Unidos, del 13 de octubre, cuando un cohete Falcon 9 despegó desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral, en Florida. En su extremo viajaba una nave Dragon sin tripulación cargada con más de 6.300 libras —unos 2.860 kilogramos— de experimentos, suministros y equipos para la Estación Espacial Internacional.
NASA Blogs informó sobre el lanzamiento y las tareas de la tripulación el martes 13 de octubre. La llegada de Dragon estaba prevista entonces para las 11:00, hora del este, del jueves 15 de octubre; la publicación original no incluye una actualización posterior que permita afirmar si el encuentro con la estación se completó según ese horario.
El cargamento estaba destinado a respaldar tanto las necesidades inmediatas del complejo orbital como su programa científico a más largo plazo. Esa combinación es característica de las misiones logísticas a la EEI: junto a artículos de uso cotidiano vuelan muestras, instrumentos especializados y componentes demasiado grandes o delicados para ser sustituidos con los recursos ya disponibles a bordo.
Una parte de la nueva ciencia se centraba en la fabricación de retinas artificiales y el cultivo de tejido cardíaco en ingravidez. La ausencia de la gravedad terrestre modifica la manera en que las células se distribuyen y forman estructuras, lo que permite examinar procesos biológicos desde una perspectiva difícil de reproducir en laboratorios terrestres. La información de NASA describía los objetivos, no resultados, porque los materiales todavía se encontraban en tránsito cuando se publicó.
Otro elemento relevante era la última pareja de paneles solares desplegables que debía incorporarse a la estación durante futuras caminatas espaciales. Su finalidad es complementar la capacidad de generación eléctrica del puesto orbital. La energía condiciona la cantidad de aparatos científicos que pueden operar, además de alimentar comunicaciones, control térmico, soporte vital y otros sistemas esenciales.
Mientras esperaban la nave, los siete integrantes de la Expedición 75 mantuvieron una jornada repartida entre medicina, robótica y mantenimiento. Anil Menon, de NASA, y Joshua Kutryk, de la Agencia Espacial Canadiense, inspeccionaron y limpiaron un congelador científico en el laboratorio japonés Kibo. El cuidado de estos equipos es clave para conservar muestras sensibles dentro de márgenes de temperatura precisos.
Menon trabajó después con Jessica Watkins y Luke Delaney en revisiones oculares mediante un dispositivo de imágenes médicas. Los especialistas buscan comprender cómo la microgravedad afecta a la retina, la córnea y el cristalino. El seguimiento es especialmente importante para misiones prolongadas, en las que cualquier alteración de la visión puede influir en la salud y en la capacidad de la tripulación para ejecutar tareas complejas.
Kutryk utilizó el chaleco y la cinta para la cabeza del sistema Bio-Monitor, diseñado para registrar datos fisiológicos con una interferencia mínima en la actividad diaria. Los dispositivos portátiles permiten observar al astronauta mientras trabaja y vive en órbita, en lugar de limitar las mediciones a pruebas clínicas aisladas. La publicación no detalló datos médicos individuales.
Watkins comenzó su turno revisando un equipo de impresión tridimensional de células en el módulo Destiny. Más tarde cambió las baterías de Astrobee, un asistente robótico que puede desplazarse libremente por el interior de la estación. Ambas tareas apuntan a una mayor autonomía: producir estructuras biológicas en condiciones especiales y delegar determinadas labores repetitivas o de inspección en máquinas.
Delaney preparó el escáner de ultrasonido teleoperado Echo para que ingenieros en tierra realizaran labores de mantenimiento a distancia. También retiró un adaptador de batería del propulsor de emergencia de un traje espacial. El trabajo remoto sobre el instrumental médico ofrece una referencia para futuras expediciones, cuando la tripulación podría depender todavía más de procedimientos guiados por especialistas situados lejos del vehículo.
En el segmento ruso, el comandante Pyotr Dubrov y la ingeniera de vuelo Anna Kikina probaron un traje exoesqueleto concebido para controlar robots. Uno de ellos llevó el traje y gafas de realidad virtual mientras simulaba tomar herramientas y manipular conectores; el otro siguió el ejercicio desde un ordenador y dio instrucciones verbales. El experimento Teledroid explora soluciones que podrían contribuir a la preparación de misiones de larga duración.
Sergey Teteryatnikov, en su primer vuelo espacial, dedicó la mayor parte de su turno a limpiar detectores de humo en el módulo científico Nauka. Después continuó familiarizándose con los sistemas y procedimientos de la estación. Esas labores rutinarias son una condición para que los experimentos más visibles puedan desarrollarse en un entorno seguro.
La jornada del 13 de octubre mostró así tres dimensiones inseparables de la EEI: un laboratorio que estudia el cuerpo humano, una plataforma para ensayar tecnologías y una infraestructura que exige mantenimiento constante. El cargamento de Dragon debía ampliar esa actividad con nuevas muestras y reforzar, mediante los paneles solares, el suministro energético del complejo.