La sonda Parker Solar Probe superó otro paso extremo por la corona y envió una señal que confirmó el funcionamiento normal de sus sistemas. NASA Blogs lo comunicó el jueves 10 de septiembre de 2026, después de que la nave permaneciera nueve días sin contacto ordinario con la Tierra, tal como estaba previsto.

El punto de máxima aproximación de este encuentro, el número 29 de la misión, se produjo el 4 de septiembre. Parker quedó a unos 3,8 millones de millas de la superficie solar, aproximadamente 6,1 millones de kilómetros, y alcanzó 430.000 millas por hora, cerca de 692.000 kilómetros por hora. Con ello igualó sus propios récords de distancia y velocidad.

El silencio de comunicaciones no fue una anomalía. La trayectoria alrededor del Sol limitaba el enlace con las estaciones terrestres, de modo que la nave tuvo que ejecutar de manera autónoma una secuencia preparada con antelación. El 7 de septiembre, un tono de baliza ofreció a los controladores una confirmación básica de que Parker había atravesado la fase crítica sin activar una alerta grave.

Esa baliza contiene mucha menos información que la telemetría completa. El plan establecía que los datos detallados sobre energía, temperaturas y estado de los equipos comenzaran a llegar el viernes 11 de septiembre. La descarga del material científico, considerablemente más voluminosa, debía extenderse del domingo 13 al domingo 27.

La rapidez del recorrido permitió a Parker muestrear en un solo día una región equivalente a casi el 40% de la circunferencia del Sol. La cifra no implica que completara una órbita circular en ese tiempo, sino que refleja la amplitud del arco cubierto durante la parte más veloz del sobrevuelo. Para los científicos, esa extensión ofrece una oportunidad de comparar regiones de la corona separadas por enormes distancias en un intervalo muy corto.

La campaña completa se desarrolló entre el 30 de agosto y el 9 de septiembre. Los cuatro conjuntos de instrumentos científicos recopilaron datos dentro de la corona, donde el plasma y los campos magnéticos dan origen al viento solar. Medir allí las partículas y los campos reduce parte de la incertidumbre que aparece cuando esos fenómenos se estudian únicamente después de que han viajado hasta las proximidades terrestres.

En esta ocasión, la cámara de la sonda se concentró en estructuras y actividad cercanas al polo norte solar. La perspectiva tiene especial interés porque la Tierra observa el Sol casi desde su plano ecuatorial, lo que dificulta examinar las latitudes altas. Las imágenes podrán relacionarse con las mediciones directas de partículas y campos tomadas a lo largo de la trayectoria.

Los polos desempeñan un papel relevante en la evolución del campo magnético global del Sol y en su ciclo de actividad. Analizar sus estructuras puede aportar pistas sobre la organización de los agujeros coronales, las líneas de campo abiertas y las fuentes de determinadas corrientes de viento solar. Sin embargo, hará falta recibir y calibrar todos los datos antes de valorar el resultado concreto de esta orientación de la cámara.

Parker también estudia eyecciones de masa coronal, restos de fulguraciones y ondas de choque en una etapa temprana de su propagación. A medida que avanzan por el espacio interplanetario, esas perturbaciones interactúan con el viento solar y modifican su forma y velocidad. Observarlas cerca de su origen ayuda a distinguir sus propiedades iniciales de los cambios acumulados durante el viaje.

La finalidad práctica es mejorar las predicciones de meteorología espacial. Una tormenta intensa puede afectar a satélites, comunicaciones por radio, navegación y redes eléctricas, además de elevar la exposición a radiación de astronautas y tripulaciones aéreas en determinadas rutas. Esta capacidad de anticipación será aún más importante para expediciones prolongadas fuera de la protección relativa de la magnetosfera terrestre.

La misión, lanzada en agosto de 2018, ha acompañado una transformación completa de la actividad solar. Comenzó cerca del mínimo del ciclo de unos 11 años y continuó hasta el periodo de máximo anunciado en 2024 por la NASA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y el panel internacional de predicción del ciclo solar. Sus sucesivos encuentros permiten comparar una corona tranquila con otra mucho más dinámica.

Tras la revisión superior de heliofísica de 2026, la operación fue prorrogada hasta 2029. Parker mantendrá su órbita y podrá seguir el descenso de la actividad después del máximo, ampliando una serie de observaciones realizadas con los mismos instrumentos. La misión pertenece al programa Living With a Star, gestionado por el Centro Goddard, mientras que el Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins diseñó, construyó y opera la nave. La señal recibida confirma su supervivencia; la relevancia científica del paso dependerá ahora de lo que revele la descarga completa.