La cooperación nuclear ruso-iraní avanza con menos supervisión
Rusia amplía su presencia en Bushehr y participa en el proyecto de una nueva central en Sirik. La falta de acceso del OIEA alimenta las advertencias sobre proliferación y tecnología de doble uso.
Moscú y Teherán han convertido su acercamiento estratégico en una cartera de proyectos nucleares de largo plazo. Radio Svoboda informa de esta evolución el viernes 23 de octubre.
La segunda fase de la central de Bushehr superó el 60% de ejecución en su unidad número 2, cuyo inicio de operaciones está previsto para 2029. En la tercera unidad avanzaban los trabajos de cimentación, mientras que el contingente de especialistas rusos en el complejo aumentó hasta unas 100 personas en el otoño de 2026, según la publicación.
El principal proyecto nuevo es la central de Sirik, en la provincia de Hormozgan. Un acuerdo de ejecución firmado en 2025 y valorado en 25.000 millones de dólares contempla cuatro reactores con una capacidad conjunta de 5 GW.
La construcción se desarrolla, sin embargo, con una supervisión internacional limitada. Irán impidió en septiembre de 2026 que inspectores del OIEA accedieran a nuevos emplazamientos y condicionó las visitas a protocolos adicionales. Institutos citados por el medio sostienen que este vacío dificulta controlar el destino de equipos y conocimientos de doble uso, aunque sus señalamientos sobre transferencias encubiertas no han sido verificados de forma independiente.