El futuro del glaciar Thwaites, en la Antártida, podría tener un peso mayor en la subida global del nivel del mar de lo que indicaban algunas estimaciones anteriores. Determinadas simulaciones realizadas con un nuevo modelo situaron su contribución para finales de siglo hasta en el doble de las proyecciones actuales, aunque esa cifra no constituye un desenlace único ni asegurado.

NASA Blogs informó de los resultados el martes, 20 de octubre. El modelo fue desarrollado por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, situado en el sur de California, junto con la Universidad de California en Irvine y Dartmouth College.

La investigación científica había sido publicada el 12 de octubre en Nature Communications. En lugar de abordar el glaciar como un bloque con una frontera perfectamente delimitada, el equipo examinó con más detalle el espacio en el que el hielo deja de descansar sobre el terreno y pasa a flotar sobre el océano.

Ese sector es decisivo para calcular el retroceso de un glaciar, pero también resulta difícil de representar. Los modelos convencionales suelen definirlo mediante una línea de apoyo: una separación nítida entre el hielo asentado sobre el lecho y la plataforma que ya recibe sustentación del agua.

El nuevo planteamiento sustituye esa línea idealizada por una zona de apoyo más extensa. Allí, el agua de mar puede internarse varias millas bajo una porción de hielo que todavía se considera apoyada en tierra. Los ciclos de las mareas levantan parcialmente el hielo y modifican de forma repetida su contacto con el lecho.

La entrada de agua no es solo una variación geométrica. También acerca agua marina más cálida a la base del hielo, favorece la fusión desde abajo y puede intensificar la inestabilidad del glaciar. Una frontera fija no permite representar con el mismo detalle esta interacción.

Para evaluar la utilidad del cambio, los investigadores compararon las simulaciones con observaciones satelitales históricas que se remontan a la década de 1990. Así pudieron medir si el sistema reproducía el retroceso que ya había ocurrido, en vez de valorar el modelo únicamente por sus cálculos sobre un futuro todavía no observable.

La inclusión de las zonas de apoyo mejoró de manera notable ese ejercicio retrospectivo. Según los resultados divulgados, el modelo coincidió cuatro veces mejor con los datos satelitales que las herramientas que no incorporan la penetración del agua bajo el hielo apoyado.

Esa mayor concordancia no significa que haya desaparecido toda la incertidumbre. La evolución de Thwaites depende de procesos complejos y las simulaciones producen distintos recorridos posibles. El valor equivalente al doble de las proyecciones vigentes apareció en algunos ensayos, por lo que no debe presentarse como una previsión inevitable para el año 2100.

El hallazgo principal es que la forma de representar una región relativamente estrecha puede alterar sustancialmente el cálculo a escala de todo el glaciar. Si el océano alcanza áreas que antes se trataban como protegidas por estar apoyadas en el terreno, el modelo obtiene más fusión basal y una pérdida de estabilidad diferente.

Thwaites ya es uno de los grandes contribuyentes a la elevación global del nivel del mar. Sin embargo, estimar su impacto durante muchas décadas ha sido difícil precisamente porque el contacto entre hielo, fondo marino, mareas y océano no permanece estático ni se ajusta necesariamente a una división limpia.

El estudio aporta así dos elementos relacionados: una posible revisión al alza del aporte futuro y una mejora verificable al reconstruir el pasado reciente. Para los autores, el segundo aspecto respalda la capacidad del modelo para describir mejor la dinámica del glaciar, aunque no convierte cada escenario calculado en una predicción definitiva.

Una información más fiable sobre esos procesos podría servir a las regiones costeras que sufrirían con mayor intensidad los efectos de un nivel del mar más alto. La comunicación de NASA no detalló nuevas cifras para costas concretas, sino que destacó el valor del modelo como herramienta para reducir parte de la incertidumbre.

Más que cerrar el debate sobre el destino de Thwaites, el trabajo redefine una de sus piezas fundamentales. La zona donde el hielo comienza a flotar aparece ahora como un espacio amplio, sujeto a las mareas y abierto a la intrusión marina. Al incorporar esa realidad, las simulaciones se aproximaron mejor al registro satelital y mostraron que algunos cálculos previos podían haber dejado fuera un mecanismo relevante de deshielo.