La maniobra sobre Nove que redefinió la operación «Vivaldi»
El Tercer Cuerpo de Ejército ucraniano atribuye su avance a una operación de engaño que desvió las reservas rusas. La consolidación del terreno y la verificación de las cifras serán determinantes para medir su verdadero alcance.
El Tercer Cuerpo de Ejército de Ucrania asegura haber concluido la tercera fase de la operación «Vivaldi» con la recuperación de Nove, Ridkodub y Katerynivka, además del restablecimiento del control sobre Karpivka y Novomykhailivka. Según su balance, las fuerzas ucranianas retomaron 51 kilómetros cuadrados durante esta etapa y 176 desde el inicio de las acciones ofensivas.
El Tercer Cuerpo de Ejército lo comunicó el lunes, 28 de septiembre. Las cifras de bajas, prisioneros y extensión territorial proceden de una de las partes beligerantes y no han podido ser confirmadas de manera independiente.
Para el comandante de la formación, el general de brigada Andrii Biletskyi, Nove era mucho más que una localidad en la línea de combate. El lugar funcionaba, según explicó, como centro de apoyo del dispositivo ruso en la cabeza de puente, mientras que las alturas circundantes ofrecían observación, mejores condiciones para dirigir el fuego y capacidad para controlar las rutas de aproximación.
La versión ucraniana sostiene que Rusia esperaba el esfuerzo principal en el eje entre Shandryholove y Zelena Dolyna. Esa percepción habría llevado a sus mandos a emplear reservas en repetidos contraataques sobre una dirección secundaria. Mientras esas unidades quedaban comprometidas allí, el verdadero golpe se concentró sobre Nove.
El engaño militar solo produce resultados cuando el adversario considera creíble la amenaza falsa. Para ello suelen combinarse movimientos visibles, presión de infantería, actividad de artillería y señales que aparentan revelar una concentración de fuerzas. Al mismo tiempo, el agrupamiento destinado al ataque principal debe ocultarse de drones, interceptaciones y otros medios de reconocimiento.
Otro elemento destacado fue el empleo de transportes blindados BTR-60 de fabricación soviética convertidos en vehículos explosivos sin tripulación. El cuerpo afirma que estas plataformas robotizadas fueron dirigidas contra las fortificaciones más resistentes para abrir paso a las unidades de asalto. La modificación permite transportar una carga potente sin exponer una dotación, aunque no elimina el riesgo de que el vehículo sea destruido antes de alcanzar el objetivo.
La reutilización de material antiguo como sistema no tripulado muestra cómo la innovación en el frente no siempre depende de tecnologías completamente nuevas. Cámaras, enlaces de control y mecanismos de detonación pueden transformar una plataforma obsoleta en una herramienta especializada. La utilidad real del método depende, no obstante, de su resistencia a la guerra electrónica, la precisión del guiado y las características del terreno.
El parte cifra en 2.000 las pérdidas de personal ruso, sin aclarar cuántos serían muertos, heridos o desaparecidos. También afirma que más de 250 militares fueron hechos prisioneros y que entre ellos había oficiales, pilotos y artilleros. Algunas unidades, según el relato, se habrían entregado de forma colectiva.
Un número elevado de rendiciones podría apuntar a posiciones aisladas, falta de munición, pérdida de comunicaciones o imposibilidad de retirarse de manera organizada. Sin embargo, confirmar la magnitud exige contrastar identidades, lugares y fechas, pues las imágenes de grupos de cautivos no bastan para reconstruir todo el episodio. Su tratamiento debe ajustarse en cualquier caso al derecho internacional humanitario.
El protagonismo de los combates recayó, de acuerdo con el cuerpo, en la Tercera Brigada de Asalto. También intervinieron fuerzas fronterizas: el 3.er Destacamento de Fronteras que lleva el nombre del coronel Yevhenii Pikus habría restablecido el control sobre Ridkodub y organizado posiciones defensivas, mientras el 10.º Destacamento Móvil «Dozor» participó en los asaltos.
La presencia de unidades encargadas de atacar y de otras capaces de asegurar el terreno revela dos momentos distintos de la operación. Una ruptura pierde valor si las tropas no pueden limpiar las rutas, detectar minas, llevar munición y establecer protección frente a drones y artillería. Tras una retirada, además, el defensor suele responder con contraataques rápidos antes de que el adversario complete sus fortificaciones.
El efecto de esta fase de «Vivaldi» dependerá por ello de la consolidación. Ucrania podría obtener una posición más favorable si conserva las alturas y dificulta el uso ruso de la antigua cabeza de puente. Rusia, por su parte, probablemente intentará recomponer el frente con reservas y mayor vigilancia aérea. Solo la evolución de los combates permitirá determinar si se trató de una corrección local de la línea o del comienzo de un cambio operativo más amplio.